jueves, 17 de marzo de 2011

Carlos Cano, diez años después


Pienso en Carlos Cano, y en estos diez años de su muerte. Carlos Cano se fue un mes de diciembre, con ese sobresalto en la gruta del pecho. Cuando se escribe de alguien que se ha muerto, leemos estas cosas, como “se marchó” o “se fue”, porque la palabra “muerte” es dura, y suena dura. Se puede entender más con una cercanía emocional, cuando el golpe es extremo, y así nombrar la muerte se convierte en una reedición de su dolor. Por eso a veces me suena vacío, o podría parecérmelo, escribir lo que acabo de escribir de Carlos Cano, “se fue”, por mucho que me recuerde a una letra suya –“¡Ay! Se fue / se fue vestida de día. / ¡Ay! Se fue / se fue vestida de sol. / ¡Ay! Se fue / las malas lenguas decían / que fuego la prendería / el fuego del corazón”-, sin haberle conocido poco más de cinco minutos, un día que nos presentó Antonio Ramos Espejo: fue en un concierto por la tolerancia, en la plaza de toros de Córdoba, hace ya tantos años que hasta podría inventarme un buen diálogo, y quizá seria cierto.

Sin embargo, escribo “se fue”: porque se ha ido, o porque me parece que se ha ido. No siempre sucede de igual modo. No siempre la gente que se muere, la conozcas o no, te da la sensación de haber desaparecido, que es lo que sucede, de haber dejado algo a medias, una conversación, y pendiente contigo, sin que sepas por qué; quizá no siempre ocurre, porque la desaparición no es absoluta, porque no puede serlo. Alguien puede decir, sin falta de razón, que en el caso de un músico es más fácil: sí, es razonable. Quizá todavía más que en el caso de un novelista o de un poeta. Uno no lee a Blasco Ibáñez pensando que está vivo, por más que La barraca sea la viveza primitiva del mal y se pueda aplicar a cualquier tiempo. Uno, cuando lee a García Lorca, tampoco piensa que está vivo, o que simplemente se ha marchado, porque desde el principio, al hacer ya tanto de su asesinato, se le evoca ya como un fantasma de sí mismo, una proyección sobre su nombre que pone el personaje por delante de la persona que hubo.

Estos días he vuelto a escuchar a Carlos Cano. Sus Habaneras de Cádiz. Su María La Portuguesa, de actualidad también hace unos meses por la raíz verídica del tema. Lo he vuelto a sentir, como cuando era veinte años más joven y escuchaba su bandera blanca y verde y, sin sentirme andalucista, ni nacionalista mucho menos, sí que se agitaba en mí interior una plenitud con la generosidad de la tierra. Tengo la impresión de que va a regresar, para cantarnos, un día de estos.

3 comentarios:

  1. Qué inmenso eres, colega. Y qué grande era Carlos Cano también (no sé yo si se le ha hecho verdadera justicia todavía a su arte severísimo y cordial). Y sí, es cierto: hay algunos muertos más muertos que otros

    Un abrazo desde el sur del Sur :)

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  2. Cada poeta busca su propia voz, su registro más personal, su palabra...
    Andalucía encontró una de sus voces en Carlos Cano y dio respuesta a la pregunta de Alberti (¿qué cantan los poetas andaluces de ahora?). Sentido homenaje -y compartido- el tuyo, Joaquín. Gracias por rememorarlo.

    Añado un motivo "riográfico" de "Una sirena en la Alhambra":


    "Vino por el río una madrugada.
    La trajo un suspiro de Sierra Nevada."

    Un abrazo

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  3. Querido Miguel, siempre la riografía acercándonos.

    Miguel Ángel, amigo, ¿estás ya en Buenos Aires? La edad del mediodía nos contempla en la cerveza de Kafka.

    Un abrazo fuerte a los dos!

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